domingo 30 de septiembre de 2007

CONCIERTO




malena corre y se cuelga de su cuello.

él la abraza.

ella repite una y otra vez, soy feliz, soy feliz.

-llevame lejos de todo.

él la sujeta con más fuerza, en busca del tiempo perdido.

sábado 29 de septiembre de 2007

ESTE LADO




"Hay luz. No la tocamos ni la vemos.
En sus vacías claridadesreposa lo que vemos y tocamos.
Yo veo con las yemas de mis dedos lo que palpan mis ojos;sombras, mundo.
Con las sobras dibujo mundos.disipo mundos con las sombras.
Oiga latir la luz del otro lado."

Octavio Paz, poema "Este lado" (Arbol adentro)




no se lo contaron.
no lo leyó en ningún lado. fue un instante, apenas, que le permitió entrever más allá de la sombra.

vió del otro lado.
qué añoras malena con cara de pena?
ella sonríe -sabe hacerlo, sí que lo sabe- y disimula -lo que puede-.
la desembocadura del recuerdo no tiene límites precisos, como tampoco el recorido hasta ella.
puede transitar la ciudad natal, la cara de sus compañeros de primer grado, un recreo, su lugar en la mesa paterna, el ruido de la puerta de entrada, la campanada del colegio, el día que partió de su casa, la cara de su padre dejándola, su madre escondida para evitar la despedida, su primera noche a solas, su primera noche en compañía
donde no logra llegar fácilmente es a decodificar cuándo, por qué y dónde se inició el derrotero río abajo.
deja a un lado la decodificación imposible.

ya está, diría quien sabe; y ella lo repite, como alumna obediente: ya está.
se ha dispuesto a ser feliz.

alguien le ha advertido que no se trata de voluntad, y ella contradice: "no creo en milagros".
se sube a su voluntad, la monta, coloca pies en los estribos, aprieta las piernas, late.

anuda las riendas, dejándolas lo suficientemente flojas como para que la libertad cabalgue a su ritmo.
con los extremos, junta fuerza y golpea.

malena galopa y golpea, se aleja de este lado, se acerca al otro.
ya casi no escucha el reproche, ya casi percibe la luz.

jueves 27 de septiembre de 2007

LA RAZON DE IAPETUS




buscó el diario íntimo de cuero rojo que tenía guardado en la baulera.

allí estaba desde su adolescencia.
fue uno de los regalos que los 15 años le dejaron, y que esperó hasta los 18 para llenar hasta la última hoja en menos de un año.
abrió una página cualquiera.

malena descubre que entonces lloraba: iapetus, me ha llamado iapetus, había escrito con letra alterada y desteñida.

así la había nombrado su profesor de audioperceptiva, a quien en el diario, sólo identificaba por una nota musical, mal escrita, a propósito.

el amor de ella y el aparente desinterés de él, la llevaron a interpretar como un insulto a aquellas siete letras.
lo había olvidado.

los años borran algunos apodos momentáneos, que no se saben descifrar, como tampoco pudo comprender que aquel escondía bajo su sombras, los inicios de una pasión que permanecería oculta, mientras pudo.

la cara oscura de iápetus, esa fue la que aquella tarde de oboe desafinado, malena -la dura- mostró, desplomándose sobre una sillita de madera de cerezo, en un rincón de la sala de ensayo.
nada le hacía pensar que desde la oscuridad más plena, sin una sola luz encendida a 100 metros a la redonda, fuera a aparecer una figura, en dirección correcta, acercándose, despacio.
iapetus, iapetus, repetía la figura de la nota musical.dulce y firme.
y ella, se encongería de hombros, secándose la cara con la manga de la camisa blanca.
no se veían.

iápetus y la figura musical se presentían.

los separaba un suspiro.
bajó la cabeza sobre su pecho y repitió el rito del llanto.

él, el de la nota musical, se la alzó, cató cada gota, se desparramó sobre ellas, y le dijo sereno: todo va a estar bien, cubriéndola enterita con sus brazos.
la otra cara de iapetus brilló.

miércoles 26 de septiembre de 2007

AZAR ENTRE AZAHARES

malena piensa en el desorden del caos, y se contenta.
ha seguido el camino ondulante que marcaron las hormigas.

el cielo incendia los fondos.

viaja a los naranjos.a aquellos que alguna vez trepó.

a éstos que ahora, por azar, le azharean el recuerdo.

una mirada que tiene gusto a menta y naranja.

martes 25 de septiembre de 2007

malena anestesiada

En un cajón del escritorio, entre borradores y cartas, interminablemente sueña el puñal su sencillo sueño de tigre, y la mano se anima cuando lo rige porque el metal se anima, el metal que presiente en cada contacto al homicida para quien lo crearon los hombres.A veces me da lástima. Tanta dureza, tanta fe, tan impasible o inocente soberbia, y los años pasan, inútiles.
Jorge Luis Borges, El puñal.


De la heladera de madera de doble puerta aferró la manija de acero, aplicó fuerza y abrió, estirándola hacia si.(todavía funciona, pensó, retirando la barra de hielo).La apoyó sobre la mesada, y con el mango de madera de la cuchilla, comenzó a golpear.
Cada estacazo hacía eco en su cuerpo entero, que respondía acelerando el pulso.
Lo comprobó, apretando su muñeca.
Malena está sola con su hielo hecho añicos.En puñados, lo coloca en su boca, lo muerde, lo saborea.
Rie y se congela.Se congela riendo, anestesiada.
Perseguida por la idea de cortar, busca del cajón de la cocina una hoja de afeitar –que le despunta la mina del lápiz negro que usa para anotar las compras.El que ahora le sirve para escribir una pocas letras anacrónicas.
Coloca el dedo anular en su boca, lo empapa.Lo apoya sobre la hoja de afeitar, queda pegada al mismo y la levanta: llevándola hacia su lengua que sale despacio al encuentro.La lengua se pierde entre las rendijas del medio.
Dirige sus pasos hacia la carta que lleva 17 años guardada en la misma bolsa de cartón, junto a fotos demodé.
La saca, la condena, la ejecuta.
Una luna cuarto creciente hiere la hoja con la otra hoja.
Luego traza una línea recta desde el extremo inferior de la luna y la dirige hacia adentro.
Dos iniciales que se confunden.
Ya empieza a sangrar, pero no siente.
Todavía está helada.
A borbotones se tiñe la carta cortada.
A borbotones malena, te alejas del recuerdo.
Y lo entierras, entre el rojo, para olvidarlo.Y que sea para siempre.

domingo 23 de septiembre de 2007

EL AMOR


él se acerca a las maderas por olfato, como animal que busca su presa.
después las toca, deslizando la mano.
aprieta, midiendo resistencia.
se queda con un corte de incienso misionero, que le sabe a celebración.
un corte que encienda la soledad que lo ha enviciado y le calló las razones.
que total, otros ya no entienden, ni se le antoja insistirlas.

ella sí.
la recuerda lejos.
ahí está mordiendo la hoja de limonero, masticándola, desafiante.

él se ilumina.

sobre el banco de carpintero -quién sabe cuál fue su dueño originario, se inquiere- apoya el incienso y el peso de la vida.

apresa el formón.
talla.
con un compás, dibuja un círculo perfecto.
refuerza el pinchazo central, hasta astillar la madera.
la mira, la lija, huele el perfume que despide.
delicioso.
la corta redonda, sin comienzo ni fin.

de un canasto de mimbre con dos asas, toma unos trozos de palo de rosa.
con ellos hace cuatro patas de 40 centímetros para sostener la madera redonda.
las coloca, las clava, las encola.
y al final, las enlanza con ramas de sauce.

un lápiz le sirve para dejar grabada la idea que lo impulsa y lo salva: amor.

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antes y después de la soledad, llega el amor y redime.

él lo sabe, como promesa y esperanza.

se disipa el sabor de la amargura cuando la imagina.

de esto se alimenta la vida, piensa y sonríe entre las sábanas.

mañana irá por más madera.
hasta que ella llegue, y ocupe el lugar central, sentada sobre el amor.

buenas noches de septiembre, y que no nos doble el dolor, que siempre hay un amor esperando.

martes 11 de septiembre de 2007

histoire vécue (melancolía y recuperos)

desde algún mar, ulises navega, busca y encuentra.

hubo un tiempo de mariposas.

la primera se detuvo en el olor de la madera que dejaba, al girar, el sacapuntas aferrado al escritorio de la maestra de primer grado.
su boca sabía a carbonilla y aserrín.

aspiraba las hojas del cuaderno, inspiraba rosa complicata.

ya, entonces, asumía lentamente, que sus dotes de dibujante apenas si alcanzarían la casita de techo a dos aguas, con chimenea humeante, ventanas con cortinas recogidas, un árbol a la derecha y flores desparramadas sobre un terreno llano.

la mariposa, la anterior y la posterior, fue de río.
del creciente y arrasador.
del manso, de atardeceres extendidos de verano.
del río cristalino de infancia, que luego fue barro y se comió al arenal.

la correntada envolvió a la mariposa varias veces.
otras tantas, ella aquietó sus alas, esperando que el agua retomara su cauce.
en pocas, la encauzó.

el uruguay se le adentró en el cuerpo, marcando color y movimiento.

ella fue kuñatai.

"dónde estás ahora kuñatai, que tu suave canto no llega a mi, dónde estás ahora, mi ser te añora, con frenesí."
rasgaba la guitarra y su voz frágil de niñez recién abandonaba, cubría el recreo de la escuela.

lloró el desaire del primer amor.

fue mariposa inadvertida, por si misma.
mariposa que podía convertirse, morir, regenerarse.

subió a un escenario, pequeña en figura y desbordada de pasión, primero y de dolor, después.
se enlazó a los pies de pinkerton, desangrando un amor extranjero.

el segundo acto, la puso tosca.
mujer en celo debatiendo el espíritu convulsionado de cavaradossi.

sobre un banco de piedra recreado, dejó las prendas, descubriendo la inocencia.

el tercer acto, turandot se alzó.
desafió al destino por un enigma.

la mariposa tarareó canciones a capella, mirando las baldosas de la vereda, y esperando, siempre, que alguien, desde atrás, la sorprendiera improvisando un duo.

fue pandora y su composición.

fue inés enchocolatada en el beso.

fue la mujer de la sillita que miraba ensordecida por la angustia, al hombre detrás del ventanal, y con él, aún desde el más absoluto desconocimiento, quería huir de la escena, de la situación, de la vida.

fue mariposa en pekin.
el caos dominó su espíritu.

ella fue el sueño de malena.

y malena, mi sueño.

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mientras espera que llegue un abrazo, que la envuelva y la arranque de la soledad, las estaciones corren.

me contaron una vez, que un viaje en tren fue como el camino de regreso al paraíso.

yo plantaré un paraíso algún día, algún día más.

y luego, me sentaré cerca de ulises, cuando se canse de navegar, para poner sobre su mano una tostada con mermelada de moras.

buenas noches.

buona sera.

domingo 2 de septiembre de 2007

el letargo de la mariposa

(sin imagen, porque la que se me ocurre, sería una mandarina desbordada, y no la hallo en mi boca)

desparramó las cartas sobre el techo de chapa de la casa.
minutos antes de las 8 de la noche del 8 de diciembre, escapó de la vista de todos con una mandarina en el bolsillo de su camisa, y parada sobre la silla del dormitorio -sí, descalza para no dejar marcas, cumpliendo con la orden materna- alcanzó, del último estante del placard, la bolsa con una inscripción manuscrita do ut des, donde fue coleccionando el intercambio de amor.
caminó hasta la terraza.pasó el tapial y de allí al techo.dio la vueta para esconderse detrás de un muro, sentada, con las piernas cruzadas y la falda subida por encima de las rodillas.
todavía estaba claro.ese año, al gobernante de turno, no se le había ocurrido el cambio horario, y las 20 horas eran las mismas en junio que en diciembre.
malena vuelve a las cartas y las ordena por fechas, por ciudades, por sentimientos.
malena clasifica, califica.
tiene ganas de romper todo, cortarlas en pedacitos.
pero si lo hace, sabe que quedarán indescifrables.

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malena me mira y pregunta:
-vos lo entendés, inclusive, con la hoja entera?
-no, malena.
-entonces?
-córtalas, si te pacifica.
-no sé.
-córtalas, si enteras te intranquilizan.
-sí.
muerde furiosa, destrozando con sus dientes cada carta.los mensajes quedaron devorados, listos para digerir, pasar a la sangre sólo lo nutritivo y elimar el resto.
casi todo es resto.casi nada nutre.
del bolsillo saca la mandarina.la abre en dos, toma un gajo, lo absorbe.
la dulce acidez va tapando la amargura del papel picado.

el jugo moja sus labios, se desplaza por su lengua y baja.
buenas noches.