lunes 26 de noviembre de 2007

AL OTRO LADO


viernes 19.55 de primavera con frío.

podría escribir malena camina a pasos agigantados el tramo que la separa de la ficción.

lo diré de otro modo: caminé desde casa hasta el cine, y pedí, por primera vez, una sola entrada.

no se trataba sólo de comprar por primera vez, sino además, de decidirme a ocupar una butaca sin conocido a mi lado, con quien compartir aunque más no sea el chocolate obligado de la función.

podría escribir: malena se acomodó decidida en su ubicación.
yo no.

entré en la sala 16, me senté en cualquier sitio -poco importaba respetar numeraciones y letras cuando éramos sólo 4-, y me llamó la atención que pasaran el detalle de música y agradecimientos.
la sorpresa fue mayor cuando encendieron las luces y un par de señoritas comenzó la limpieza, mirándome extrañadas comer tranquilamente el chocolate.

cuándo empieza, pregunté?
qué?
la película.
ha finalizado.


fue entonces cuando advertí que había errado de sala.
salí eyectada hacia la de al lado, que tenía menos público, inclusive.

podría decir, malena fijó los ojos, feliz, en la pantalla.
en cambio, bastaron unas pocas letras y los acordes iniciales para justificar el llanto acumulado en meses.
y sí, lloré por lo que fui, soy y seré, y por las dudas, por todas las que me he privado de ser, también.

entre suspiro llorón y suspiro profundo, la pantalla me devolvía imágenes de ensueño.
la música completaba el cuadro, endulzándome el alma.

el velo pintado -o, del otro lado del mundo- pasaba por la pantalla, mientras mis ojos descorrían, de este lado, otro velo, y me mostraban que toda primera vez sabe a lágrima salada.
y caí en la cuenta, que el protagonista tenía una mirada tan perfectamente dulce, que malena lo hubiera amado, sólo por esa mirada en la que él decide dar comienzo al amor, y concretar el milagro.

por eso, arriba está su rostro.

buenas noches, esperando el milagro.

viernes 23 de noviembre de 2007

detrás de ti




te hubiera abrazado, por horas.

te hubiera confesado que me sentía feliz.

te hubiera desalentado a seguir camino.

te hubiera tentado, enlazado, acariciado.

te hubiera recorrido por la espalda, por el cuello.

te hubiera aferrado las manos a mi cintura.

te hubiera suplicado desaparecer, teletransportanos, olvidar.

te hubiera dicho demasiado.

sólo me queda, que sin haber hecho nada, todavía siento que voy a cococho por tu vida, y nada más.

(apostá al 23, a mi me dio resultado. en uno nací y en otro...crecí)

martes 6 de noviembre de 2007

autoplagio



recuperando a mariposa en pekin, copio y pego sus post.

son míos, aunque entre aquella pini y yo, parece existir una distancia incomensurable.


es sabio reconocerse en el paso del tiempo, y pensar que todo tiempo por venir será mejor.

encendiendo silencios


para quienes vienen batallando con mar de fondo, en búsqueda de distancia y silencio, y que, les ha tocado en suerte -bien escasa-, una balsa precaria.
decía el entañable Octavio Paz en Pasión crítica "Sólo hay dos silencios: el silencio de antes de hablar y el silencio después de la palabra."

en el interín, mientras se desatan tormentas -porque el tiempo está hecho también de tempestades- les dejo esta luz, que antes Ergaster depositó en la primitiva mariposa.
buenas tardes, esperando que se haga de noche para encenderla.

debajo de los naranjos


"Lo llevaba su madre de la mano a la salida del colegio, y el niño, que aún tenía la señal de la ceniza en la frente, le preguntaba: “Mamá, ¿es verdad que me voy a convertir en polvo?”. Era un niño de apenas siete años y parecía muy excitado por las terribles palabras que le había dicho el cura durante la ceremonia. Este año, el miércoles de ceniza ha sido ya un día primaveral. El sol tenía el mismo grado de azúcar que el de mi infancia, por eso, al ver a este niño que comenzaba a interrogar la vida con esa cruz en la frente, he recordado aquellos miércoles de ceniza de la posguerra cuya liturgia ratonera se superponía a la miseria política. Entonces el cura lo pronunciaba en latin de forma tajante: eres polvo y en polvo te convertirás, pero yo no le creía porque en ese momento a mi alrededor estaba a punto de reventar el azahar y de la cocina de casa salía a veces un perfume de chuletas con pimientos asados. Pese a las calamidades que presagiaba aquella ceniza, yo no lograba asociarla con el polvo de la muerte, sino con la sangre feliz de los geranios que por esa época se renovaba ya contra la pared encalada del patio. De niño hacia todo lo posible para que esa cruz de ceniza perdurara en mi frente todo el día. La lucía con la vanidad de mi inocencia y con ella iba a buscar nidos en los limoneros y, si jugaba al futbol en el recreo, no remataba de cabeza para que parte de la ceniza no se la llevara el balón. Con la llegada de la ceniza comenzaban a expandir sus latidos de pan profundo las tahonas y los palomos zureaban un furioso amor en el tejado. Solía haber vendavales con viento morado de cuaresma y a veces el temporal de Levante hacía humear el estiércol fermentado donde algunos insectos dorados celebraban grandes bodas Por mucho que entonces me predicaran que Dios estaba arriba en el cielo, yo lo veía siempre en la tierra, en las semillas de cáñamo que hacían cantar al jilguero, en los espárragos silvestres de las cunetas. Cuando me anenazaba que era polvo y que en polvo me iba a convertir, sabía que muy pronto las niñas estrenarían vestidos con lazos y muchas flores y que iría con ellas a ver a Dios por debajo de los naranjos. Este miércoles de ceniza, la madre joven que llevaba al niño de la mano a la salida del colegio no sabía qué decir. Ante las preguntas insistentes de su criatura, se detuvo junto al tronco de una acacia de esta colonia de Madrid, sacó un pañuelo del bolso y le limpió la señal de ceniza en la frente. “No, hijo, tú nunca serás pólvo”, y yo pensé: “No sabe lo que se pierde”.

Manuel Vicent, lo escribió para El país digital, cuando todavía yo accedía gratis, y encontraba palabras como éstas.

buenos días, que no todo está perdido.

viernes 2 de noviembre de 2007

nada (total, es viernes, estoy en casa y si quiero canto tango)

"He llegado hasta tu casa...
¡Yo no sé cómo he podido!
Si me han dicho que no estás,
que ya nunca volverás...
¡Si me han dicho que te has ido!

¡Cuánta nieve hay en mi alma!
¡Qué silencio hay en tu puerta!
Al llegar hasta el umbral,
un candado de dolor
me detuvo el corazón.

Nada, nada queda en tu casa natal...
Sólo telarañas que teje el yuyal.
El rosal tampoco existe
y es seguro que se ha muerto al irte tú...
¡Todo es una cruz!

Nada, nada más que tristeza y quietud.
Nadie que me diga si vives aún...
¿Dónde estás, para decirte que hoy
he vuelto arrepentido a buscar tu amor?

Ya me alejo de tu casa y me voy ya ni sé donde...
Sin querer te digo adiós
y hasta el eco de tu voz de la nada me responde.
En la cruz de tu candado
por tu pena yo he rezado
y ha rodado en tu portón
una lágrima hecha flor
de mi pobre corazón. "

para malena, que canta el tango como ninguna.
y aquí, nada, cantada, es la versión que encontré.
me gusta la guitarra.

fiesta de guardar


entre tantas cosas que malena no entiende, están las fiestas de guardar.
algo así como festejemos compungidos o guardemos el ánimo para cuando pase la celebración.

sea como fuere, las antípodas -inclusive las propias- la disturban.

de la biblioteca desaparecieron casi todos sus libros.
alguien se los guardó.


se habrá hecho un festín, piensa, y como es 2 de noviembre, dará digna sepultura al recuerdo de sus lecturas.
no se lamentará: la ocasión hizo al ladrón, y mejor deletear.

desde una hamaca paraguaya colocada en la cima de la vida, malena recupera fuerzas.
ya pasó la paliza colombiana.
los ojos le sonríen en latinoamericano: saudade.

se hamaca, se acerca y se aleja.
cada ángulo tiene su perspectiva, afirma y se burla de sus frases hechas, mientras se pasa crema con perfume a naranjas.