lunes 24 de marzo de 2008

exceptio non adimpleti contractus

(foto de Christian Coigny)

EL PERFECCIONISTA EN MI CAMA (porque me lo merezco)

Cuando conocí a Julian Barnes, comprando La mesa limón, lo hice guiada más por la foto suya que ilustraba una entrevista, que por saber de quién se trataba.
Desde entonces, me acompaña de noche, aunque él no lo sabe.
Me hace reir cuando todas (sí, esta casa parece sólo admitir mujeres) duermen.
A the lemon table le siguió Arthur & George -que lo tengo a medio leer porque no puedo aceptar que termine-, y un sábado de soledad, encontré Hablando del asunto, y como me dormí sobre él, quedó con la solapa doblada (cosa que odio).
El perfeccionista en la cocina, es mi arma preferida para combatir al insomnio, que se ha hecho una mala costumbre en los finales del verano. El vencedor es sin dudas el perfeccionista, guiándome con sus imágenes por los caminos del sueño. No porque me aburra, sino porque me pacifica: in hoc signo vinces.
Un amigo que vive en Londres me comentaba que me envió por correo la obra de Barnes autografiada. Desde entonces, sólo espero al cartero, que no necesitará tocar ni una sola vez a mi puerta: ya tendrá mi mano extendida.
"Y de la cocina cabía decir lo mismo que del sexo, la religión y la política: cuando empecé a averiguar cosas por mi cuenta, era demasiado tarde para preguntar a mis padres. Ellos no me habían instruido y yo les castigaría no preguntándoles nada. Yo tenía veintitantos años y estudiaba para obtener el título de abogado; alguna comida de las que inventaba por entonces era criminal." (Barnes, The pedant in the kitchen).
Cómo lo quiero.
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Este post fue escrito hace un tiempo, luego lo bajé, ahora lo reacomodo y vuelvo a subir ya que es de lo más inofensivo, casi cándido que he escrito, ni siquira tiene vuelo, pero expresa aquellos placeres cotidianos que alimentan mi vida.
El cartero no ha llegado con la encomienda, pero yo seguiré esperándolo.

domingo 23 de marzo de 2008

felices pascuas


me gustaba recibir un conejito. alguna vez fue de yeso, porque le vendieron a mi padre el modelo que estaba en la vidriera, pero tuvo su ventaja: no lo he olvidado jamás.
la pascua me recuerda cuando mi familia era grande y unida.
existían abuelos, tíos, primos, hermanos y vecinos que se acercaban, porque juntos parecíamos multiplicar la felicidad.
hoy me toca ser anfitriona y grabarles un buen recuerdo a mis hijas.
cocinaré para que, aunque no haya multitud, estemos en paz con un conejo de chocolate y otro para pintar.
por si alguno tiene un niño adentro o afuera que se pone ansioso, en este post va la solución: sólo imprima la imagen, recorte y busque lápices.
les deseo felicidades duraderas como mi conejito de yeso.

sábado 22 de marzo de 2008

paris je t´aime

no es sencillo sobrellevarse una misma cuando no hay ganas de encarar hasta la tarea doméstica más sencilla.
crucé al mercado y me compré un pote de helado de chocolate belga, tirando por la borda la dieta comenzada el día lunes.
duplicaré pilates, o haré eso de las bicicletas con musica sensual.
es sábado de gloria, aunque no la sienta, y al menos me daré un gusto.
hace unos días -tal vez meses- , en medio de una conversación algo confusa, surgió parís je t´aime, la película, y yo contesté "no, se llama hiroshima mon amour." (esa soy yo, normalmente fuera de foco)
de amor se trataba el tema más allá del título, y tenía razón aníbal, era paris je t´aime.
recién termino de verla y rever alguno pasajes: amor en parís, en sus diferentes facetas.
hasta las caminatas solitarias por parís saben a amor, al que hemos perdido, al que sentimos, al que creemos que llegará.
ojalá les toque una noche de amor.
buenas tardes, sin parís a la vista.
p.d.: la foto es mía y de parís, aunque no lo parezca, pero son las cosas que me interesan, manos en la tierra, y corazón en el cielo.

domingo 2 de marzo de 2008

mi espacio

Xul Solar; Barreras Melódicas - 1948 - Acuarela - 35 x 50 cm
Mudé mi lugar de trabajo (entre otras tantas mudanzas que tuvo mi vida en los últimos meses), a un pequeño departamento de estilo francés con aberturas por las que cae una ampelopsis.
Lo alquilé en cuanto lo vi. Me recordó a aquel habitado, desde la ficción, por un pintor que observaba a tres mujeres detrás de una ventana.
El paso de las horas me encuentra sentada frente a mi escritorio cumpliendo el rito del pintor, sólo que mi objetivo es la enredadera: la cercanía del otoño la ha comenzado a enrojecer.
Para aquietar los disturbios que provoca tanto silencio, enciendo una fm con música clásica desde la mañana hasta entrada la tarde.
Suenan la danzas rumanas de Bartók y el aire denso del verano apenas mueve las hojas; mientras pongo orden por fuera.
Toallas de hilo en el baño, un juego de porcelana para el te sobre la mesada de la cocina y unas maderas perfumadas con ginger, que alimonan el estudio.
El espíritu todavía no reposa, pero se hamaca; mientras este orden aparente contrasta con aquél y se convierte en la desembocadura del dolor que, a veces, se expresa y llora.