Por las guías desnudas de la ampelosis, ella trepa, escalando el muro vertical.
Con cada manotazo, las pocas hojas que el otoño va dejando se desgarran y caen.
Malena se aferra, y la enredadera también.
Una a ésta y la otra a la pared.
El rojo deshojado lento, suspendido, lleva consigo la cadencia del dolor, de ese que ya no llora, del silencioso, del visceral, del que queda después de todo se ha ido y sólo sobreviene la nada.
Como luego de la inundación.
Malena no tiene quien la sostenga, sólo dos manos -las suyas-, que siguen sujetadas a la hiedra y temen el desprendimiento.
Apoya un pie sobre un manojo de raíces trepadoras, y descansa la cara sobre la pared rugosa de cal.
Resbala unos centímetros, y se raspa.
Las hojas rojas se suspenden de su soplo, el tiempo sigue su curso, irremediable, y la herida ha comenzado a sangrar.
El corazón lo siente, hay algo que lo recorrió y se le escapa, pero ya no se queja.
Late con los sonidos juntos y sin prisa, mientras la foto Cary Grant (que posa en la tapa del celebration of style) queda incólume, como único testigo de esta Odisea sin Ulises.
(en algún rincón de esta maraña dicen que se vislumbra Itaca, que nombro terruño de esperanza, donde no habrá lugar para el miedo).
martes 22 de abril de 2008
viernes 11 de abril de 2008
luna lunera sobre la vereda de uruguay

mi nombre es maría, como la virgen y sin agregados.
confesarme que he sufrido no mitiga el dolor pero me sincera.
han transcurrido unas cuantas décadas desde aquellas noches en las cuales la vecina de mi casa paterna, sacaba un sillón de lona verde a la vereda para ver la noche.
ella, hundiéndose en la lona, miraba el cielo, y me sentaba sobre su falda.
entonces, yo le preguntaba cosas sobre la luna, y ella me respondía cantando.
creo que era aquella de la luna lunera cascabelera cinco pollitos y una ternera.
ansiaba, ya entonces. que esa luz que se proyectaba sobre las baldosas amarillas de la vereda, alargando las sombras y volviendo blanquecinas nuestras imágenes, me llevara por un camino de sueños.
ansiaba, ya entonces. que esa luz que se proyectaba sobre las baldosas amarillas de la vereda, alargando las sombras y volviendo blanquecinas nuestras imágenes, me llevara por un camino de sueños.
así me dormía.
será también por eso, que antes de alcanzar la adolescencia, ya cantaba soñar, la luna me hace soñar porque ella dice que está enamorada del mar.
el mar era el confín del que vendría un ulises cargado de pasiones a despertarme del sueño de la luna, y mostrarme que aún en los amaneceres el amor sabe muy bien y es posible.
han pasado algunas décadas, que me han borrado hasta el nombre de mi vecina que tampoco ya existe, (rosa, ana?)
ulises nunca desembarcó del todo. alguna vez se acercó a la costa y el amor se desarmó en mi boca como melón dulce de verano que comí como si fuera la última cena, y por lo general lo era.
ulises nunca desembarcó del todo. alguna vez se acercó a la costa y el amor se desarmó en mi boca como melón dulce de verano que comí como si fuera la última cena, y por lo general lo era.
ya es hora de que acepte mi nombre, sin cristos por llorar ni mirar crucificados.
tal vez, si las fuerzas me asisten, escalaré un volcán en méxico, claro, ayudada.
tal vez me compre un sillón de hamaca de lona y lo coloque en el balcón del departamento que habitaré en quince días, y entonces, siga leyendo a barnes o quiera dejar las primera páginas de pedro páramo que he aprendido de memoria por puro placer, suba sobre mi falda a genoveva, que ya tiene tres años y sabe decirme muy bien cuanto me ama, y entonces le enseñaré a cantar.
tal vez me compre un sillón de hamaca de lona y lo coloque en el balcón del departamento que habitaré en quince días, y entonces, siga leyendo a barnes o quiera dejar las primera páginas de pedro páramo que he aprendido de memoria por puro placer, suba sobre mi falda a genoveva, que ya tiene tres años y sabe decirme muy bien cuanto me ama, y entonces le enseñaré a cantar.
porque los sueños, aunque luego no se cumplan, alimentan la vida y disipan los miedos.
me lo había advertido esta tardecita mientras caminaba bajo la llovizna, tengo una puta melancolía, pero no hay más salida que escribirla, mientras intento aferrar a aquella pequeña que fui cuyo rostro se me va desdibujando en la memoria.
me lo había advertido esta tardecita mientras caminaba bajo la llovizna, tengo una puta melancolía, pero no hay más salida que escribirla, mientras intento aferrar a aquella pequeña que fui cuyo rostro se me va desdibujando en la memoria.
el río ha seguido su curso...
a los quince años me auguraba, "yo soy el río, la sangre convocada", como anticipando, que no dejaría de correr detrás de la luz de la luna, aún desangrada (claro, de amor).
los tiempos no alteran la naturaleza, sólo intentan ocultarla, pero es sólo cuestión de sacar algunas capas, y se llega.
y pini deja a maria al descubierto.
jueves 3 de abril de 2008
la ocasión hace al ladrón
Como un presagio.
Él demandó besos y lo advirtió.
Ella negó la oferta, lo que fue interpretado como aceptación.
Lo que ellos no pudieron anticiparse fue el derrotero del deseo, ni los miedos que la necesidad lleva a cuestas.
Ella negó la oferta, lo que fue interpretado como aceptación.
Lo que ellos no pudieron anticiparse fue el derrotero del deseo, ni los miedos que la necesidad lleva a cuestas.
Asustados expusieron el alma, se lamieron los temores, se devoraron el corazón, y por un instante, éste pasó al olvido.
Fue un momento, un intento acertado, que sonríe en el recuerdo.
Fue un momento, un intento acertado, que sonríe en el recuerdo.
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