sábado 28 de junio de 2008

fe santa (o la postergación del deseo)


Todo hacía pensar que esa ciudad estaba condenada a desaparecer por la acción lenta e impiadosa de la humedad.

Los gotones pegajosos caían por las paredes y dejaban las veredas con sensación de haber sido recién baldeadas con una mezcla de agua y aceite.

Ni siquiera la desventura climática la atemperaba.

Malena se levantaba al alba sin despertador, corría a ducharse con agua fría -se había quemado el calefón hacía meses y nadie se dignaba a arreglarlo en la pensión de mala muerte- y se abrigaba como para ir al polo: medias largas, doble camiseta, polera, pulover de lana virgen tejido a mano con el dibujo de ochos adelante, guantes con corderito adentro, bufanda, tapado y para que las ideas no se congelaran, un gorro haciendo juego con el pulover.

Entre tanto ropaje asomaban sus ojos marrones con pestañas larguísimas -sí, son mías, sólo las estiro con algo de rimel.

Cruzaba el boulevard de las tipas de copa grande, con unos apuntes de filosofía a los que había puesto un membrete que daba cuenta sólo de su nombre y una advertencia: teléfono no tengo, así que en caso de extravío, dejarme en el centro de estudiantes.

Le gustaba la puerta lateral de la facultad, porque se veía sola y caminaba sin apuro ni preguntas hasta el aula.

Se sentó en la silla de fórmica con mesita delante, apoyó el apunte y frotó sus manos.
Alguien asomaría su presencia a la altura del hombro para insinuarle, si te extraviás y te encuentro, no te devuelvo.

Unas horas más tarde compartirían un chocolate caliente.
Unas décadas hacia adelante, sin más antecedentes que cariños desencontrados y el contacto efímero de manos, se citaron, se recordaron, y desde otra mirada, se vieron profundo.

No quedaron cuentas pendientes y no se me ocurre nada más, que reír con los tres chiflados, que ellos miraban a la tarde mientras repasaban los apuntes del extravío.

lunes 23 de junio de 2008

el fin de la girl scout

(el cementerio está lleno de eternidades esperando eternidades)


ella no usaba reloj porque el tiempo era sólo un accesorio que servía para desparramar la vida, y contaba -siempre- con el suficiente para no privarse de un encuentro.
en su vida no existía agenda, ni compromiso que demorara al amor.


se le ocurría que daba lo mismo irse a paris o correr hacia una parada de colectivos para llegar a destino, porque éste se iría haciendo a su antojo.
eso le valió el título de girl scout, la siempre lista, que con dos ramas y un fósforo que pasa sobre la suela de su bota, enciende el fuego que abrigue los cuerpos a la hora de la entrega.

ella quiso bailar, enseñarle a bailar the look of love, pero él se quedaría estupefacto ante sus demasiados si, y buscaría un no sin hallarlo.

por qué siempre tenés tiempo para todo?
porque mientras esté viva, es lo único que genuinamente me queda.

para aquellos que piensan que hay que consultar las citas, atender a presentaciones, que la felicidad puede esperar, que la vida viene luego de cerrado un negocio, a ellos, les aviso que ha muerto la girl scout.

para una minoría desconocida, al menos para una sola persona en el mundo que, algún día tenga el placer de cruzar en alguna vuelta de esquina mientre entone de look of love, quizá logre encontrar el último suspiro de la girl scout, y la invite a tomar un café con torta tibia de manzana.

the look of love sólo se escucha y se entona bien con tiempo, que es el que nunca dice adiós, y hace que quede mucho más que paris en el recuerdo.

buenas noches, voy a encender las velas.

jueves 19 de junio de 2008

la otra

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no confesarás

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el pensamiento espiral le deja el gesto extraviado.

ahí está con la piel recorrida, el sabor ajeno, las ganas de aferrarlo y sólo tener su ausencia.

atravesando la celosía está la vida, pero ella permanece a resguardo, ovillada, soñando que regrese, tire del hilo y desteja la soledad a la que se confina después de su partida.

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eso transcurre en unos minutos.

pasado el lapsus melancólico, cambia la tesitura.

se alza embravecida.

él pasa a ocupar el lugar del "mal nacido que me viene a hablar de amor", y no hay insulto que le baste.

se suceden las razones que sepultan los sentimientos, mientras termina el te común (no me gusta el verde, dirá), con dos cucharaditas de azúcar, y da los últimos toques al maquillaje.

se endereza y sale a ser la única, antes de dar una patada a la cama y sacarle lustre a sus zapatos de taco alto, con las mismas sábanas que antes envolvieron la pasión que supo regalarle.

lunes 16 de junio de 2008

LA REGGINA

(bombón casamiento )


Anoche aterricé en la cama riendo con el monólogo de Oliver en "Hablando del asunto" (Barnes, 1991), a tal volumen que el vecino de arriba empezó a imitarme y éramos un dúo de tentados.
Lo insólito de mi asunto, es que amanecí riendo aún más fuerte, pero ya sin vecino.
El señor de la foto -yo nunca elijo un coequiper que no tenga mirada especial- me preguntaba algo en sueños y yo le respondía en italiano.
Los dos reíamos, yo olvidaba mi corazón y el su profesión.
Ahora que lo veo ahí arriba, pienso que al fin y al cabo pasamos la noche juntos y no me resulta un inalcanzable; como en otro momento me ocurrió con ese al que todas aman, cómo es que se llama: George Clooney, a quien le tocó el papel de marido.
Pobre George, cada vez que me lo enfrento en la propagada de café o de máquinas de café - nunca sé- me río porque no me mueve el amperímetro y le hago hombritos, como diciéndole: a vos quién te ha visto y quien te ve, haciéndote el galán cuando me rogabas que no te dejara.
En el mundo de los sueños todo es posible, y la huella permanece al amanecer y una se siente una reina.
En la vida real, la risa es sanadora. Lo dice el bombón, luego lo he comprobado .
Volviendo al italiano, hoy escribí por error reggina, y para evitar aceptar la equivocación aclaré: sono la reggina, ho 11 calciatori insieme in mio corpo.
Y ahora agego: tutti aspettano cominciare il gioco.
Después de todo, once hombres juntos en un cuerpo de dama, es toda una osadía; y una odisea también.
Y para la verdad queda toda la eternidad.
La regina é viva, viva la reggina.

domingo 15 de junio de 2008

ESTE LADO (segunda parte)


Al comienzo fue noche cerrada, la cara oscura de Japetus.
Luego las palabras de Octavio Paz escritas en un libro que robó de la biblioteca de sus padres, consagraron la promesa: "oigo latir la luz del otro lado".
Y entonces pudo ser sombra sobre la pared de revoque grueso pintada a la cal, sombra en la medianera.
Sólo restaba saltar para encontrar algo que no fuera lo que estaba a la vista.

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Mi dormitorio tiene una puerta de cuatro hojas con vidrio repartido que da a un balcón antiguo.
Desde la cama observo un roble de varias décadas, que alguien que ya no está en este mundo -a juzgar por lo añoso del ejemplar- plantó generosamente.
Las hojas secas vuelan y llegan hasta donde estoy.
Mirando el roble, me he olvidado de todas las letras de otros, que permanecen sobre mi cómoda con lectura de final pendiente.
Ya vendrá el tiempo en que retome el camino hacia Comala con Pedro Páramo.

Resigno la literatura y hago crujir las hojas el roble, mientras planeo cómo sacar brillo al mosaico calcáreo de la cocina.
También golpeo las almohadas para que se inflen y parezcan más nuevas, paso la mano sobre el acolchado, y sueño con comprar una cama más grande, para rodar a mi antojo.

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Bastó con elevar una pierna y mover el cuerpo hacia adelante, para que en menos de un suspiro, sus pies abadonaran el tapial y tocaran la tierra.
A pocos metros, un limonero y un camino.
Ella cumplió el rito de arrancar la hoja del árbol, morderla y sentirse el olor que dejaba en las yemas de las dedos.
Perfumada emprendió rumbo hacia donde ya no se mira para atrás, y todo late, iluminado.