miércoles 30 de julio de 2008

en fin...

Por dónde empezar?
Vayamos al comienzo, cuando prendiste el cigarrillo y no me habías advertido. Yo estaba en la entrada del bar, y tu mirada recorría las vueltas del humo. Entonces no recuerdo si vi tus ojos grises o verdes, pero me quedé un momento en ellos. Brillaban, como sólo lo hacen los que esconden pensamientos místicos. Me estremeció espiar, desde un ángulo intangible, cómo conquistabas la vida. Si no hubiera sido porque llegó tu tónica con hielo y te arrastró al aquí y ahora, hubiese permanecido allí hasta que agotaras el recorrido de todos los pensamientos, que transitaron los décadas de tu cuerpo.
Tus ojos abandonaron el humo. Me tenías de frente acercándome a tu mesa. No sabías cómo llamarme –yo te dije, tampoco es importante- y me senté del otro lado, con el ventanal de fondo. El tiempo, el vuelo, el corazón, el alma, tus gafas, mi pelo, y otra vez el tiempo pero no nublado, sino el transcurrido desde aquél entonces hasta hoy.
Los despojos, dijiste, yo te corregí, los recuperos, y al fin, pronunciaste, como siempre, "en fin", e intentaste prometerle a tu boca una sonrisa.
Te tomé las manos, aquellas que hicieron el milagro: que la palabra cobrara sentido, y apoyé mi rostro en ellas, para llorar por lo que fue y buscar consuelo para olvidar.
Moviste tus pies hacia los míos y los resguardaste. Acariciaste mi pelo y con la servilleta de papel fuiste secándome la cara.

Del otro lado de la ventana un niño jugaba a los tejos, y nos miraba de reojo. Tal vez quería enseñarnos.

En fin… fuiste vos quien más habló, yo me quedé en tus manos, en tus dedos largos y flacos que debieron augurar un pianista en el sueño de tu madre, en las pausas de tu acento.

Me había jurado no morir sin seguir tu sombra de cerca, y esa tarde de septiembre, no fue de cerca, sino confundida, camino hacia una plaza cualquiera, donde finalmente volverías a repetirme lo que antes fue un presagio: no te dejaré sola, mientras todos los poetas te asistían. Con el pañuelo de mi cuello, vendaste los ojos del ángel: la envidia podía alejarlo de su destino inmaculado.
Allí demarcamos nuestro lugar en el mundo: el paraíso merecido después de tanto purgatorio.

domingo 20 de julio de 2008

MELANCOLIA SIN VERGÜENZA

Enrique Bustamante es amigo, poeta, crítico filósofo, y por sobre todos los títulos, hombre privilegiadamente sensible.

Hace algunos días escribió un post maravilloso en su Das Mystische, al que tituló Caos Calmo, en referencia al film.

No hablaré sobre ello porque para eso está el maestro.
Cada cual lee el texto, elige la palabra clave, aquella que le simboliza y justifica lo que está buscando, y se queda con ella.
Yo me quedo con el dolor, no con el que se luce como escudo y justificación, sino con aquel más profundo que nos lleva a veces a llorar en el lugar inadecuado. Pero no hay modo, es arrollador, hasta para a veces anestesiar la vida.

Aconsejada por Enrique quise ver Caos Calmo, pero no encontré dvd.

Pero si dejé, que en estos días interminables de fiebre, me acompañara la canción que la acuna: Amore trasparente de Ivano Fossati.

("Non vergognarsi della propria malinconia
é un compito penoso anzi uno strazio.
L'amore trasparente non so cosa sia
mi sei apparsa in sogno e non mi hai detto niente
mi sei apparsa in sogno e non hai fatto un passo.")

domingo 13 de julio de 2008

TIERRA PROMETIDA: entre lo deseable y lo posible

Obra de Xul Solar, Pegaso de sol, 1922

Mantova, 23 de abril.
Odiseo mío:
llevo días y noches leyendo tu última carta: deseos y promesas de recorrer las tierras donde el mar se incendia cuando cae el sol.
No dudo de tus buenas intenciones ni de las características del lugar que he recorrido a través de tus palabras. Tierra de sueños. Pero los tuyos (a los sueños me refiero), nunca pisaron suelo: siempre lo sobrevolaron. Y tal vez esa fue una de las tantas razones que te trajeron hacia mi.
Si depositaras nuestros sueños en la tierra, te apartarías.
Yo me desvanezco al ser negada, y vos te alejás de mi porque pierdo entidad.

No hablo desde el amor ni desde el dolor, sino desde el peñón que busqué para mirar los tiempos que sobrevolamos juntos, condenados a no rozar la tierra, exiliados de la vida que otros llevan.
Intentamos recorrer todos los caminos buscando el punto en que se tocan las parlelas. Una quimera.
Acaso no te has preguntado quién fue Malena? Respondete sinceramente, el resto dejémoslo para la literatura.
Nadie.
Al menos nadie a quien puedas describir con verdades.
Aquella Malena, que es esta que te escribe, que huyó, se abrazó a tu cuerpo, se enlazó, detuvo el tiempo, se olvidó hasta de su nombre, se entregó para una eternidad y sólo recibió instantes, sólo existe entre cartas. Ni siquiera quedaron sábanas por arrugar.
Haceme un favor: desplegá el mapa y respondeme sinceramente, en qué punto del mundo podríamos pisar tierra firme y caminar sin miedo, siendo vos, mi Odiseo, Odiseo Moon y yo, Malena Almada.
Si no lo encontrás, podés continuar mirando el horizonte y viendo cómo el sol incendia los mares que son tuyos.
Yo, entre tanto, seguiré haciendo equilibrio, y quizá, algún día, deje de volar...

Te abrazo,
malena.

jueves 10 de julio de 2008

vida

Volver a escuchar Blowin' in the Wind y verlo a aquél Dylan, me hizo pensar que es posible recobrar los sabores de la felicidad a través de la cadencia de su voz. Le escribía a un amigo que la canción me sabe a mar y a despertar feliz, porque cuando la tareareaba ni siquiera había usado mi vestido largo de los quince.
Es tiempo de remembranza, que me regresa a una época de imágenes acogedoras.

Quizá entonces hubo matices que las enturbiaban, pero los he olvidado. Soy magnánima con el pasado y juez implacable del presente.
Pero es una promesa a cumplir: me absolveré en el futuro, que comienza en un minuto, desde entonces y para siempre.

Buenas y santas noches (para el pecado hay tiempo).

lunes 7 de julio de 2008

ATEMPORAL

para que te alejes de la costa.