sábado 20 de septiembre de 2008

Stand by me

Obra de Guillaume Apollinaire

Por las noches, Genoveva pide que me quede a su lado, acariciándola hasta que concilie el sueño.

Yo le pediré a él, mi sastre, que haga lo mismo. A veces los grandes nos volvemos pequeños y también sentimos miedo, y aunque no sea necesario decirlo: no me dejes sola, abrigame.

Stand by me, para todos los gustos y edades,
versión Timón y Pumba que me encanta.
versión Lennon, para regresar a aquellos años de anteojos oscuros redonditos

"When the night has come
And the land is dark
And the moon is the only light we see
No I won't be afraid
No I won't be afraid
Just as long as you stand, stand by me

And darling, darling stand by me
Oh, now, now, stand by me
Stand by me, stand by me

If the sky that we look upon
Should tumble and fall
And the mountain should crumble to the sea
I won't cry, I won't cry
No I won't shed a tear
Just as long as you stand, stand by me

And darling, darling stand by me
Oh, stand by me
Stand by me, stand by me, stand by me

Whenever you're in trouble won't you stand by me
Oh, now, now, stand by me
Oh, stand by me, stand by me, stand by me

Darling, darling stand by me
Stand by me
Oh stand by me, stand by me, stand by me"

Espiando el universo con el sofista


imagen que tomé prestada de El sofista

El cielo ha sido siempre un enigma, para mi. Tanto el bíblico, prometido para que los puros habiten la eternidad, como este que miro, y que envuelve la Tierra. Los tiempos del universo, contados en millones de años en los que la propia existencia se diluye hasta desaparecer, me producen un cierto desasosiego.

Desde El sofista, blog de Ricardo Montiel, que conocí a través Markelo, las fotos y relatos del universo tan temido por mi, atraen como un imán al navegante y cubren el espacio que se produce entre suceso y suceso de la vida
La forma en la que Ricardo nos acerca el cielo es naturalmente poética. El parece pilotear el universo sentado sobre un ángulo cualquiera, elige una imagen, escribe y nos da una ilusión de eternidad.
Vale la pena visitarlo, porque además no se cansa de enseñar.

Desde Buenos Aires, donde el cielo no es tan lindo como en Entre Ríos, mientras yo me subo a la melodía de Joe Hisaishi para dar vueltas en puntas de pie por el universo, y sigo mi camino.

domingo 14 de septiembre de 2008

ESENCIALMENTE, AZUL

Le pedí un color y él me dió el azul.
Sobre el boulevard de mi pueblo, que conduce hasta el puerto, los jacarandaes se alzaban imponentes y dejaban caer sus flores en primavera. Atrevidos, violaban la decisión del gobierno municipal: nada debía "ensuciar" las calles. El desacato del árbol le costó la vida, y ningún jacarandá volvió a llegar hasta el río.
Desde entonces, que fue mi infancia, todo el ciclo anual del jacarandá, que va mutando de la desnudez con su fruto amaderado negro, a la hoja verde, hasta ser una inmensa copa florecida que parece llorar desafiante en azul lavanda, me refleja la vida. Mi vida.
Su nombre guaraní como el de mi río, sus cambios como el de nuestra piel, y la eterna posibilidad de volver a ser, como el amor.
Desde la ventana de mi dormitorio, observo el cielo azul noche, y pienso que en algún territorio habita el amor y vendrá a buscarme. Sólo es cuestión de transitar los caminos, hasta la próxima estación.

domingo 7 de septiembre de 2008

Süsse Schatz (agua para el desierto)

esta foto no me pertenece, la he tomado prestada,
esta música tampoco,
pero una ilustra y la otra pone melodía a la historia.
Ella se acerca a su oído y le cuenta, pausadamente, cómo en los bosques del palacio, todo crece por el transcurso de los años, tirando sencillamente un puñado de semillas. Ella mide distancia, cierra los ojos, toma fuerzas y se prepara para cumplir con el rito, pero lejos de esta tierra y pisando aquélla que habitan los sueños. Más allá de los bosques, palacios y castillos, de las precisiones. Más a su lado.

Ella se le arrima porque intuye –es mujer y va vestida con el don natural- que él aguarda. Los años harán de la siembra una buena cosecha, susurra para adentro, aferrando la regadera.

Él se perderá en la mansedumbre de la tarde, entre las visiones que serán fotos, y ella, en la espesura de los sentimientos, en sus ojos de exilio, en los silencios desbordantes, en su paso incesante, en el roce deseado.

Él insiste en encontrar la exacta traducción del castillo, ella en salir huyendo juntos, adonde sea, para permanecer.
Ella abandonó la tristeza en algún recodo de la vida, y el poema viene trunco, porque está feliz, y será “qué tendrá la princesa, los suspiros se escapan de su boca de fresa” y allí queda. No hay tristeza ni teclado enmudecido. En esta escena no encuadra aquél Rubén Darío, y los amantes que no saben que lo son, acuden a imágenes y esquivan las palabras.

Él refriega sus ojos que llevan tanto desierto heredado, y le pronuncia el apellido (el suyo), que desde el suspiro profundo, armoniza con Süsse. Insiste, pronúncialo para que la bocanada de aire resuene en tus cuerdas.

Ella ríe, con una rama de olivo en la mano, que usa para acomodar el pelo.
Avellana y aceituna. Süsse Schatz, “Tú que ayer sólo eras toda la hermosura eres también todo el amor, ahora” (Jorge Luis Borges, “Fervor de Buenos Aires").
Él pensará decirle: "Te regalo los jardines a cambio de tu historia, déjame que apacigüe la fatiga, y quédate aquí, que el viaje debe terminar en algún punto."
Ella querrá responderle, que ya es tiempo de establecer el hogar, aunque el desierto le llene la mirada, aunque en sus orígenes se mezclen los suspiros.

En otro paraje del mundo, no hay jardines, pero de allí viene quien de tanto andar desiertos, fue hilvanando la vida y tejiendo la del protagonista de la historia.

viernes 5 de septiembre de 2008

memorable

"cada guerra iniciada en este mundo es por un malfollao" (otis)

Él dijo la frase, yo la comparto, pero esta vez -sin que me cobre derecho de autor porque todavía no cotiza en bolsa, pero pronto lo hará- la doy a conocer.
No lleva imagen, ya que podría generarme alguna acción civil, y también penal, e inclusive una agresión callejera al descuido, con un cartel que diga: sólo ha sido un accidente.
Ya me "intelectualizaré".