martes 9 de junio de 2009

LA UBICACION DEL AMOR: Acolt-Ami.



Busca un mojón en el camino, busca una marca en el cuerpo, busca un alarido en el alma. Sólo encuentra imágenes que se desangran por la ausencia y se sublevan. Melancolía, loca melancolía.

Fue la música que daba vuelta carnero por las tierras onduladas, fueron los pasos siempre adelante, fueron las manos, y el vino, y los tomates, y las miradas que, a veces, coincidían y reían cómplices, para no pensar que celebraban el encuentro y el adiós.
Sobre una callecita sin nombre, ellos juegan a las cartas y la vida se monta al aire, sin dejarse sentir. Sutil. Asciano. Y allí, en un tiempo detenido en el último naipe, el sentimiento se confiesa, contra todas las razones que lo niegan.

Quién pudiera volver por los caminos circulares? Quién pudiera subir la montaña para quedarse en un recodo y ver la cascada y el precipicio, que es vacío, hasta que sus brazos la envuelven por la cintura, y la colman? Quién escribió nunca más solos, como promesa desesperada de un amor que se anticipaba truncado?

Se mira, todita. Pone sus manos en la cara, para ocultar la desazón de una brújula desorbitada y los buenos colores que dejan los recuerdos.

Allí está. Próxima estación. Y un tren que se aleja, pero ella lo lleva consigo, por un mundo que él jamás conocerá, y que lo nombra, para siempre: Acolt-Ami.