sábado 14 de febrero de 2009

1

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uno
one
uno


El silencio es el filo de la cuchilla por donde se deslizan los pies descalzos.

Paso la mano entera sobre la planta, y después sólo el índice. Dejo que se empape de silencio, para manchar el recuerdo de otros silencios, y que todo quede rojo. Gotas rojas que se diluyen en los espejismos de un desierto que arde furioso.

Tus ojos, que todavía veo claros en la memoria, son el único elemento que escapa de la fogata.
Este no es el silencio de la capilla, ni el que se extiende bajo la sombra del paraíso.
Es el silencio del desterrado, del vagabundo que busca regresar al hogar habiendo olvidado el nombre de todas las calles. Y Buenos Aires le da igual que Uruguay o viceversa, porque el silencio arrasa con los detalles y las dimensiones.

Cuántos serán en la mesa?
Uno.
Entonces levantan el otro plato, la otra copa, los otros cubiertos, la otra servilleta. Y yo soy una y pienso en dos, y en la única operación posible: la resta.

Así volvemos al comienzo, a dos corazones le resto uno y sólo uno queda.

Ni los gritos hacen eco.


Y uno puede ser un tango u otra melodía (qué paradoja el nombre del conjunto), pero a solas, siempre sonará con la melancolía que el número lleva.

Uno.

Uno

Uno.

Como gota que cae tediosa sobra la bacha, y se desliza sola, una, en la aventura de su único destino. A un paso de nada.

martes 10 de febrero de 2009

MI SINTESIS

Un tomate sobre una tabla de madera. Hierbas frescas. Un trozo de pan. Queso. Una copa de vino. Una tarta caliente de manzanas caramelizadas. Café o te? Chocolate, sí, chocolate. Los pies descalzos. Una manta si hace frío. Dos libros, por si acaso. Música aguardando, silencio de fondo. Unas rosas mojadas por la lluvia. La lluvia. Una caricia espontánea. Una sonrisa serena. Un paseo al caer la tarde. Unas sábanas a estrenar. Un amor amanecido. Una noche sin prisa. Y el tiempo en camarelenta, como territorio por el que se desliza la vida, casi la voz de un ángel sobre el hombro del alma que custodia.

Nada más.

Aleluya.

domingo 8 de febrero de 2009

EL CUENTO DE NO OLVIDAR

El pequeño Odiseo cruza sus piernas y comienza a moverlas, hacia adelante y hacia atrás (no llegan a tocar el suelo). Inclina la cabeza acercándola al hombro derecho.
Sus ojos quedan fijos en los zapatos negros acordonados, y siguen su movimiento.
-Qué es el amor, mamá?
-El amor es la promesa de una revolución, responde ella abriendo sus manos con las palmas hacia arriba.
Revolución. La palabra sólo le evoca la del 25 de mayo de 1810, y un cabildo, y la gente bajo los paraguas, y no hay rey y quién nos manda, a quién obedecer, y todo se moja, y no sabe si es de noche o de día, y siente miedo.
-No me enamoraré.
-Renunciarías a llegar a la otra orilla?
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Hace mucho mucho tiempo, entre promesas y revoluciones, ella escribió sobre la arena:

"Ya nada será igual. Pasó tanta agua bajo el puente, que terminó por desplomarse una noche sin fecha, una cualquiera, en la que todo o nada ocurre, pero, en ésta, estremeció la caída. Los soñadores armaron el puente con palos y cuerdas, con tallos, con todo lo que encontraron al alcance. Y así el puente fue pura porfía, puro entusiasmo, y luego, sólo remembranza.

No hay duda de que tensaron las cuerdas hasta agotarse, anudándolas, sumando toda la madera que fueron juntando, nómades del amor y del abandono, también aquella de los fósforos apagados, con los que antes habían encendido velas y cigarros, en noches en que el insomnio es una caricia que no llega.

Dicen que el puente no resistió el peso de la existencia. aunque estuvo el sueño. Ellos leyeron las instrucciones de armado, una y otra vez, en todos los idiomas. Sometieron el texto a un análisis obsesivo, al detalle: deconstructivismo para los gráficos, para el estilo de la letra, para el color del papel, para los broches que lo sujetaban, deconstructivismo del absurdo. Todo para no olvidar: de eso se trataba el asunto, como imperativo inmutable en un mundo en el que nada permanece en su sitio, excepto el anhelo imposible de permanecer. Pero nadie pensó en la pesada levedad de la vida.
Un día las imágenes comenzaron a escurrirse. Eran la existencia en el recuerdo, y éste se perdía. Eran cuerpos y almas, bautizados, ungidos, idolatrados, puestos juntos en la ilusión, que nunca llegó a ser, pero que ella igual añoraba. El alma, entonces, comenzó a vagar desahuciada sobre un escenario que estaban desmantelando . "La obra ha concluido" anunció el que barría, levantando las últimas pisadas, la memoria; y ella suplicó, "Señor, me llevo la tierra, no la arroje, me la guardo todita en los bolsillos, para no olvidar".

Pero qué era lo que no había que olvidar?

El amor es sólo una promesa de revolución, repetía y hacía eco. Y se perdonó el olvido.

Las imágenes de sus rostros son dibujos que ella hizo con una piedra sobre la arena, que las olas ya cubrieron. Las imágenes y el puente y la promesa que se hunde, anticipando que ya no habrá revoluciones, y la calma que llega a ocupar el lugar que antes fue de la ilusión.

Todo el asunto había cambiado.
Ella un día se sentó sobre un escalón de madera que daba al mar, miró la isla, le pareció estar más cerca, y escuchó que alguien cantaba, mientras pisaba las piedras en la arena. Canto y pisada, y el compás, y el mar de fondo.

Era su madre que le traía la melodía de la infancia: se va se va la barca, se va se va el vapor y el lunes por la mañana también se va mi amor.
Ella, que había abandonado la niñez, volvía al mar y se preguntada a dónde se fueron la promesa, el puente, los palos, las letras de su nombre.

Ya nada quedaba, excepto el mar. Y ella enseñó a su hija la misma canción que le cantaba su madre, para que recordara que el amor es promesa y no certeza.

La niña cantaba con sus manos llenas de ramitas y caracoles para decorar un castillo de arena:

-se va se va la barca ... pero que el castillo, mamá, tenga puente, así pasa la princesa con el príncipe, se se va el vapor. Mamá, ellos se casarán y pasarán por el puente. Entonces le pongo más palos, mamá, y caracoles para el agua, y unas cuerdas, mamá, que sea fuerte, así no se cae nadie… Y el lunes por la mañana también se va mi amor.

Ella miró a su hija, miró el mar, miró hacia adentro, se limpió la cara (Se ti fossi vicino, ti bacerei le lacrime).y rezó por otra revolución."

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Y colorín colorado el cuento se ha terminado.


Duerme sereno.


(gracias Carmen por subir la música y darme los datos para ponerla aquí)