domingo 29 de marzo de 2009

Catorce vidas (los gatos de Ulises)


No nos observemos. No nos arrojemos. No advirtamos que hemos quedado solos, con un mar innavegable y ajeno. Seamos miradas paralelas hacia un abismo salado, que se acerca, se inhala, se llora, se traga. Un abismo de piedras y sales, que, quizá, estaba ya en el prólogo de la historia, pero ahora es todo el epitafio.

Algo se hace espuma, se quiebra en la rompiente y se pierde. Nosotros mirábamos lejos, porque lejos estaba Itaca, y hacia allí nos dirigíamos, como destino de la travesía de un amor aventurado y desacompasado, que no supimos escuchar.


Hoy me pregunto cuál era tu concepto de métrica, cuál la medida de tu tiempo. Sangrando vengo a descubrir que entre tantas vidas, la tuya se desovillaba en sentido inverso. Y por eso fuimos las dos agujas de un mismo reloj, que giraban contrapuestas y el encuentro, tan efímero, tan furtivo, tan robado, nos condujo al laberinto donde la soledad se sienta en la cabecera de la mesa y pone el sello definitivo.


Paso mi lengua para mojar el sobre, que contendrá mis letras, de un adiós que se impone.

---------------------------------------------------


Escúchame, gata, que ya he agotado una vida contigo, y me llama otra, y es que "el amor es un algo sin nombre", que se me antoja hoy con ritmo de tango y aprenderé su paso, porque cada dos por cuatro, Itaca reaparece: ya no hay tiempo que perder.

Aquí te dejo, y me llevo las vidas que me quedan, y vete desandando la sumatoria, que el 14 fue pura imaginería, y en el recupero, no divido ni resto, sólo retiro lo que es mío.




«Amor es el pan de la vida,

amor es la copa divina,

amor es un algo sin nombre

que obsesiona a un hombre por una mujer»

lunes 23 de marzo de 2009

CUIDADOS INTENSIVOS (escrito hace un tiempo que parece una eternidad)


Es tiempo de evitar embarcarse. cuando se ha anunciado que el único destino es zozobrar. Las mariposas, todas, lo anticipan, cruzando en bandada el balcón que da al puerto.

La existencia no es, difinitivamente, tan compleja. Quiero el pan partido con la mano, la llamada a deshora, la asimetría de un cuerpo alcanzable, el desequilibrio del llanto, la claridad de la risa, un amanecer, un anochecer, una caminata sin rumbo, una cena con luna, una lluvia mojándome mientras corro al lado de no sé quién que me llamará "mi vida" y eso sea suficiente, y truenos y relámpagos iluminándonos el rostro, y el mar, y el amor sencillo, irracional, declarado, puro alumbramiento, una granada partida contra la tierra en dos mitades que no son exactas. Siempre, siempre.

-------------------------------------------

Ella se escapa desnuda de las letras de un cuento, de dos cuentos, de tres cuentos. Y sigue.

-Cuántos cuentos abandonás?
- Todos.

Ella, que ha salido ovillada, rodando asustada entre las páginas, estira las piernas y alza las manos. Tiene los ojos cansados de recuerdos e ilusionados de naderías. Misericordiosa piensa. Eso. Misericordia. "Cuidaré de mi".
Sola, frente al espejo, hace una mueca en forma de sonrisa y se promete que ya "es tiempo de pata pata", y de no pedir nada más.


FIN

jueves 19 de marzo de 2009

When the deals goes down

Estás ahí sentado, esperando el milagro. Tus dedos son el pasaporte para desencantar la soledad sobre el teclado. Y desde otro extremo del universo, las palabras llegan, y acarician subversivas otra soledad, que se esconde.
A dónde iremos a pasear, a deletrear nuestro último argumento, a deshojar la margarita?
Cuál será la clave para decodificar la distancia y dejar que vos te apoyes en mi brazo y yo en tu hombro, y arrojemos al vacío todo el vacío, y nos llenemos de instantes que serán recuerdos, y abandonemos los recuerdos, y nos tomemos, finalmente, en serio?

Dylan ya lo dice: "Como que estaré contigo, cuando esta partida termine"; y yo hago clic y creo en él.

jueves 12 de marzo de 2009

LA PASION DE ODISEO (primera estación, tercer intento)

Dejó caer el peso de su cuerpo sobre la pierna derecha doblando la rodilla hasta tocar el piso. Noble, inclinó su cabeza: la resignación se imponía a la sumisión. Se sentó lejos de todos, al final de una fila de bancos de madera dispuestos prolijamente, paralelos entre sí y transversales al Cristo crucificado.

A distancia, observó el rostro de su madre. Ella se ubicó ocultándose detrás de una columna: con un pañuelo recorría con insistencia el camino que separaba sus ojos del interior del puño izquierdo de su saco de lana negro.
Ella no lo vio; ni siquiera podía imaginar su presencia.

En el parlante suspendido en el ala derecha, resuena la imploración: roguemos por el eterno descanso del alma de nuestro hermano Laertes.

Ella parece sumergirse en el recuerdo al sentir –porque al oírlo, el corazón le da un latigazo- un lugar al que nadie tiene acceso.
Odiseo la observa y sólo piensa en quitarle el dolor.
Ella ignora la intención y sólo piensa que abandona el territorio imaginario que habitó junto a quien se le ha ido.
Aquello que, equivocadamente, guarda como su secreto.

Junto a la pesada puerta de madera de doble hoja que mira a la calle, madre e hijo se cruzarán. No se dirán nada, no será necesario.
Y de eso no se hablará jamás.

(Notita: a los que sufren con o sin razón, y están solos)