sábado 19 de septiembre de 2009

Camina por Chiclayo (desanda amores)

"Se quemará mi boca salivada

de la sed que me quema si me besas" (Cardo o Ceniza, Chabuca Granda) -


La derecha le arde en el infierno y es todo hormigueo. Dice que se le quema medio rostro, y su alma aulla por las noches, entre dolor diestro y amor siniestro.
Baja los ojos para ocultarlo. Su respiración aviva el fuego, y retumban los latidos en contrapunto.
Del otro lado siente un balbuceo: dolor urente, y se quiebra .
Lamento, seco lamento, de río ausente.
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Dobló la hoja del diario, tocando los vértices opuestos y formó un triángulo que se le antojó usar de abanico. Estaba empeñada en desmenuzar la historia hasta extraerle el azúcar y endulzarse. Una quimera. Los finales no saben a dulzura. Cargó las cenizas en su bolso y caminó.

("pero cómo serán mis despertares...")

Se dejó vencer en Cieza de León, entre Anécdotas y Tradiciones. En aquélla, perdió el corazón, en éstas, los recuerdos en remolino, la envolvieron, la derrotaron, y la pusieron nuevamente en pie.
Buscó, en el bolsillo de su blusa, un pañuelo blanco, con la intención de levantarlo en alto. Tregua al pasado, tregua a tanta culpa acumulada.
Miró el destino hacia Relatos, y el emblema de la derrota volvió a su sitio. Antes de avanzar dudó entre: derecha o izquierda. Decidió. Relatos, al este, y se alejó Del Carmen.

Por las calles de Chiclayo, ella mastica el corazón de un cardo y va apagando las hogueras.

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sábado 12 de septiembre de 2009

Ba'du' huiini hripapa (un ángel vuela)

Fotografía de esculturas del Maestro y Artista Manuel de Francesco, a quien dedico estas palabras, todavía inconclusas.
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En este campo, no ha quedado nada verde, ni presencias que lamenten la sequía.
Sola recorre el territorio, que todos abandonaron, para salvarse.
El sol incendia hasta las sombras del paraíso. Y entra tanto -o entre nada- ella sigue.

Abre la última hoja escrita, en aquello que fue un diario: "Ba'du' huiini hripapa (un ángel vuela) . Malena se acuna y lo siente. El cuerpo se le mueve solo, acompasado. Hacia adelante y hacia atrás. Sus brazos están vacíos y se aferran por los codos. La cabeza cede, apoyándose, apenas, sobre el hombro.
Señor, Señor, dibújeme una tristeza; suplica, imitando. Junta sus manos en posición de rezo y sigue.
Cadi guuna'lu (no llores) repiten las tierras de Oaxaca.
No hay consuelo, ni ruido: caadxi huiini (un poquito) de paz.
Caadxi huiini. Déjame que lo olvide...."

Con un pañuelo saca tierra del rostro y seca lágrimas sucias. Cuál de todas las pérdidas habrá llorado entonces, a quién quería olvidar, cuando el ángel se acunó en su falda?

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Los días pasan y son meses, escribió una noche. Y de aquello, que quedó en el diario, ya no hay más que hojas arrugadas con letra envejecida.

Ahora, un ejército de hombres pequeños y silenciosos custodia la entrada del alma. Son hombres hechos a mano, a pura sangre y desgarro. Hombres que miran sin ojos, que buscan el cielo para que se les devuelva la palabra. Piden, gesticulando con el cuerpo entero.

Maestro, Maestro, dibújame una boca, y, a cambio, yo velaré tus sueños cuando tengas miedo.

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(seguirá algún día. y para escuchar las palabras yo elijo esta música)